lunes, 19 de agosto de 2013

Eva - Chinchiya Arrakena

A Eva le estallaba la cabeza. No, “estallar” no era la palabra, ya que si estallaba, por lo menos terminaría aquella reunión. ¿De quién había sido la idea? Ah, sí: de Carla. Y ella no había podido decirle que no.
—¡Hace tanto que no nos juntamos! Hacemos alguna pavada, y charlamos, ¿qué te parece? —le había dicho.
¡Claro! Hacer alguna “pavada” de comida para diez personas, y tener la casa impecable, para Carla no era problema: no era su casa, sino la de Eva.
Ahora sentía ese rítmico martillear en sus sienes, que le indicaban el paso hacia algo peor. En realidad no podía ser peor que la charla del marido de Patricia, que siempre tapaba a los demás hablando de sí mismo y de sus logros. “Eugenio el genio” le decían irónicamente a sus espaldas. Y es que de genio no tenía nada: había heredado bastante dinero, y vivía alardeando de que había hecho buenas inversiones.
Luego estaban Julia y Leandro, Marcela y Pablo. Esos cuatro eran inseparables, y, no importaba el ambiente, la pasaban bien. 
—¿Más postre, chicos? —Ellos aceptaron acercando los platos. Lo mismo daba que hubieran ido a un restaurante japonés o a la casa de Eva, todo el tiempo reían y tenían que explicar resignadamente al resto cuál era el chiste.
Eva sintió que su cabeza se hinchaba, que el dolor en el hemisferio izquierdo de la misma se expandía: una poderosa estaca le atravesaba el ojo y salía por su nuca. Miró a su marido, como pidiéndole piedad, pero Javier estaba conversando con Eugenio y Jorge, el novio de Carla. ¿De qué hablaban? ¿Otra vez de ese estúpido programa de televisión? Y Carla los observaba fascinada.
Se sintió mareada. Comenzó a sudar frío. Tomó la mesa con las palmas para abajo, en un intento de purgar por sus dedos crispados ese dolor que la invadía. Luego se presionó el pómulo y la ceja izquierdos. La jaqueca no cedía, y ya le invadía la mitad de la cara. 
—¿Quieren un cafecito?  —dijo, levantándose con mucho cuidado. Patricia murmuró algo como “te acompaño” y se levantó con ella, mientras los demás asentían distraídamente.
Eva caminó, sintiendo cada paso como un golpe en su cabeza. “¡Pero si no tomé alcohol!” pensaba, repasando su día para descubrir la causa de semejante tortura. En la cocina creyó que iba a desmayarse. Se mojó la cara y vio su reflejo en el vidrio de la ventana. “¡Dios mío! ¡Parezco un cadáver!” pensó, con las manos tomándose las mejillas. Volteó para encaminarse al baño, y tropezó con Patricia, que tenía una cara triste y la mirada de quien va a hacer una confesión. 
-Te ayudo con el café. -Y luego de un par de segundos:- Te quería contar que Eugenio y yo estamos separándonos... Supongo que no te lo imaginabas... Bueno, quería contártelo porque creo que del grupo de la oficina siempre fuiste con la que mejor me llevé...  -y siguió narrando su historia, llena de titubeos, con los ojos húmedos y tragando saliva a cada rato. 
Eva ya no podía escuchar más. No entendía por qué la elegía de confidente, y a decir verdad le importaba muy poco: empezó a sentir náuseas. 
Tomó a Patricia por los hombros y con una sonrisa ínfima le susurró:
—Te encargo el café.
Patricia le devolvió un gesto de alivio y agradecimiento, que Eva no pudo comprender.
Salió de la cocina, y con paso decidido atravesó el pasillo donde se encontraba el baño...

... y se dirigió a la sala. 
Llegó a la puerta.
Observó a todos, uno por uno.
Ellos dejaron de conversar y la miraron.
Eva abrió la boca.
Su cabeza comenzó a agrandarse y sus manos a convertirse en garras y de su espalda brotaron unas verdes alas viscosas y su estatura llegaba ya a los tres metros.
Su boca, transformada en unas fauces gigantescas, produjo un rugido que rompió todos los vidrios y las copas. Patricia, que en ese momento entraba con el café, dejó caer todo de la bandeja. Un inmenso y furioso dragón  amenazaba a todos, con unos ojos dorados cuya mirada los paralizaba de pavor. Los cuatro amigos se tomaron de la mano, poniéndose de pie; Carla y su novio se abrazaron; Eugenio y Javier sostuvieron una silla como para defenderse. De la garganta del dragón emanaba todavía un ruido sordo, un ronroneo aterrador. Entonces su nariz echó una llamarada que barrió con todo lo que estaba a la vista.
—¿¡PORRRR QUÉ NO SE VAN TODOS A LA MIERRRRDA!?  —dijo con su profunda voz de monstruo.
Mientras las llamas invadían la sala, los invitados empezaron a correr huyendo como animales en estampida, y Javier, en un rincón, intentaba protegerse del fuego, como por instinto, con las manos...

¡Noc, noc!
—Amor, ¿estás bien? —se oyó la voz de Javier desde el otro lado de la puerta del baño— Ya terminamos de tomar el café; se van nuestros amigos, quieren despedirse.
Eva volvió de su ensoñación dando un gran suspiro.
—Dame dos segundos, ya estoy. —Se maquilló para disimular las ojeras y salió. 
Saludó a todos con su mejor sonrisa. Luego juntó las tazas vacías, los platos sucios y no soportó su tintineo como para ponerse a lavar. 
Se lavó los dientes con movimientos lentos y cuidadosos para que no le repercutiera en la cabeza. Ya en el cuarto, se cambió con la misma parsimonia y se metió en la cama.
—¿Y, mi amor? La pasamos bien, al final. ¿Viste que no fue tan malo? —le dijo Javier acariciándole el pelo a Eva.
Ella, en silencio, apagó la luz.

Aparecido el 1° de Febrero de 2013 en NM, Número 27:

Destino (Dalí y Disney) - Chinchiya Arrakena

No creo en el destino
pero si lo hubiera
¿sería yo tu campana?
¿serías vos mi guardián del tiempo?

Tus labios se disuelven en mariposas
y envío andorinhas para alcanzarte
para despertar tu reloj

Tus ojos me desnudan
y yo salto para no caer
Bailando

Me sumerjo en la arena y en las sombras
para tomar mi forma de nuevo
y bailar en vaivén, con mi vestido campana
y flotar en el viento como un diente de león

La arena del reloj cae
y todo se derrumba
Mi cabeza es como una pelota
con la que mis manos juegan

¿estoy tañendo en tu corazón?



Poesía inspirada en el video de Dalí y Disney:




Aparecido el 26 de Julio de 2013 en Poemia - El fuego de Heliconia:
 http://poemiafuego.blogspot.com.ar/2013/07/destino-dali-y-disney-chinchiya-arrakena.html

jueves, 14 de marzo de 2013

Efemérides - Chinchiya



―”Aku se ha desconectado” ―lee Laurent.

―¿Qué? ¿Cómo es eso? ―Logan se impacienta. Deja de juntar sus cosas. ―Dice que es… “feriado” ―Laurent mueve sus dedos sobre el teclado a una velocidad del aleteo de un insecto.

―¿Y qué mierda…?

―Esperá… Ah… ¡Es un romántico! Hoy hace tres siglos que… no entiendo bien. ¿Qué es un país?

―Tres siglos. ¿Y qué carajo importa qué pasó hace trescientos años? No recuerdo dónde estaba hace una década… ¡Vamos, no hay tiempo!

―¿Cargaste las armas?

Logan saca las uñas hasta casi tocar la cara de Laurent, y las retrae. Luego le muestra el bolso.

―Todas ellas.

―Bien. Pasemos a buscar a Aku. No creo que haya salido de su casa.

Se calzan los cinturones aéreos y salen por la ventana.

―Está por llover, mejor nos apuramos.





La puerta de la casa de Aku está destrozada. Pintura celeste y blanca por todas partes… pero Laurent no ve sangre, y Logan no la huele.

―¿Podés seguir su rastro? Vamos a llegar tarde al trabajo.

―No, alguien se encargó muy bien de contaminarlo ―dice, con una mueca, Logan.

No es la primera vez que alguien del equipo desaparece. Pero esta vez es especial. Es uno de “los tres del núcleo”.

―Vamos a ver a Richard. Él sabrá qué hacer.

Laurent reprograma los dos trabajos de la mañana, para la tarde. “Un poco optimista”, piensa, “pero al fin y al cabo estos dos son políticos mediocres… Sólo una diversión para Logan.”





Richard no los deja entrar en su casa, y en lugar de eso, los conduce bajo la inclemente lluvia hasta el parque, haciéndoles señas de que permanezcan en silencio.

Suben a un tóptero público. Recién cuando el transporte los eleva por los aires, junto a una veintena de personas (la mayor parte de ellxs, humanxs), les dice:

―¿Cómo mierda se les ocurre buscarme un día así?

―Perdoná, Richard… no sabíamos qué hacer… Aku desapareció ―Logan parece confundido, mira el suelo.

―¿A qué te referís? ―dice Laurent, extrañado. Sabe que Richard no habla de la tormenta.

―Hoy es el aniversario de la declaración de Independencia de la República Argentina ―Richard ve que los otros dos lo miran sin cambiar de expresión―. ¿No se dan cuenta? Hoy es un día especial para matar a trabajadores de las corporaciones, como ustedes…

―¿Y entonces…? ―dice Logan, lamiéndose un colmillo.

―¿Tienen una foto del departamento de Aku? ―Laurent le muestra su asistente― Oh, sí… Yo sólo puedo decirles esto, no tengo idea de dónde puede estar Aku, pero no creo que la esté pasando bien. Lo tienen los argentos.

Sin decir más, hace un gesto con la cabeza para despedirse y se baja en la siguiente parada del tóptero.

―Vayamos a ver a Milfa.

―Iba a decir lo mismo. No nos queda otra ―Logan le envía un mensaje: ”knock, knock”.





Logan y Laurent bajan sobre un inmenso prado verde, con una casa en medio.

―Nunca dejan de sorprenderme estos paisajes holográficos.

―Yo los odio. Y aquí hay olor a… ¡demonios!

La puerta se desliza y Milfa los saluda con una sonrisa inquietante.

―¡Hasta que al fin me necesitan!

―Hola, Milfa. Necesitamos saber dónde está nuestro compañero, Aku.

El puro contrasta con su caracterización de colegiala, de minifalda y largas trenzas negras. Les lanza el humo a la cara, cosa que parece encantar a Logan.

―Bien. Las armas quedan aquí en la puerta. Pasen a la sala.

―¿Los dos? ―dice Laurent― Yo sólo soy un androide…

―Pero sos completamente funcional, según me han dicho, ¿verdad? Vamos, vamos… ―los toma de la mano― no sean tímidos.

Milfa se desviste y conecta varios cables a su columna.

―Espero que no les molesten las vías-com. Es una conexión segura ―se coloca en cuatro patas, sobre el suelo acolchado de la sala.

―¡Para nada! ―se entusiasma Logan, ya ronroneando. Comienza a acariciarla.

Le pasan los datos de Aku a Milfa. Su columna se enciende con una luz blanca brillante, se arquea… Ella cierra los ojos y exclama:

―¡Ah! Necesito más chi…

Logan se acopla a Milfa. Ella se retuerce de placer, y peina todas las redes buscando un piojoso dato de donde encontrar a Aku. Laurent, que al principio se mostraba reticente, se deja llevar por la situación, procurando complacer todos sus pedidos.

La espalda de Milfa cambia, los colores se suceden. Hasta que se torna completamente verde: lo ha encontrado.





Dejan a Milfa dormida, y salen con sigilo. La pradera ha desaparecido, ahora pueden ver un barrio con casas destartaladas, y calles desparejas, basura desparramada. Los olores de las fábricas y de la comida chatarra se mezclan.

―Estás muy callado, Laurent. No podés decir que no te gustó. ¡Estas dos horas me han dado un hambre!

―Aku está en peligro ―no quiere dar el brazo a torcer. Logan divisa un puestito de panchirolos y codea a Laurent― Okey, okey… Comemos algo rápido y volamos.





Llegan a un lugar que parece ser un club nocturno de prestigio. Son las tres de la tarde; está cerrado. Dan la vuelta por el callejón y ven una persiana metálica.

―Abajo hay varias personas ―dice Laurent.

―Huelo a Aku… ¡debe estar herido!

Destrozan la puerta del depósito, bajan por una escalera y se encuentran un panorama lamentable: por lo menos quince personas, encadenadas, sucias…

Aku levanta la vista e intenta sonreír. Suspira.

En las paredes, hay carteles pintados sin cuidado, alrededor de un sol. Los mismos colores del departamento de Aku.

―¡Qué maniáticos! Esto no tiene ningún sentido ―dice Laurent―. Vamos, amigo… ¿podés caminar?

―No me rompieron las piernas, tan sólo me narcotizaron ―susurra Aku―. No sé qué pensaban hacer con todos nosotros.

Logan rompe las cadenas y hace gestos a la gente de que salga cuanto antes. Unos ayudan a otros… Al parecer hay personas que han estado largo tiempo aquí. Pero no aparece ningún guardia… nada.

―Consigue un móvil, Laurent ―Logan, cansado, se detiene a leer las paredes.



“Hasta la victoria siempre”

“Volveremos y seremos millones”

“La casa estará en orden”.



Inclina la cabeza, no comprende. Se encoge de hombros y sale. Aún puede llegar a hacer el trabajo previsto para hoy.

 (cuento publicado en la Antología Tricentenario -una visión conjetural de nuestro futuro-, con selección de Sergio Gaut vel Hartman, Ediciones Desde La Gente, en 2013)

martes, 18 de diciembre de 2012

El encanto de un planeta - Chinchiya



Ya que mi memoria, como usted sabe, es fractal, puedo recordar todo como si se tratara de una película sensorial 3D. Ahora trabajo para usted, con usted, en usted, pero por aquella época trabajaba para el oficial a cargo de la investigación.

Todo comenzó esa hermosa tarde de otoño, en esta misma oficina. El Mayor Falstaff tomó el papel entre sus manos, y se encaminó a la ergosilla más cercana. Con gran dificultad, pues ya se había desacostumbrado a leer, evaluó el informe que tenía enfrente.



 «Asunto: Investigación sobre Gl581 – Colonia CONTOPAEN III



Objetivo: Descubrir los posibles factores por los cuales la población mayor de edad no permanece en la colonia.



Observación previa:

Contopaen III está compuesta solamente por niños y jóvenes en su adolescencia temprana y tardía. A simple vista no parece haber problemas de salud destacables por su frecuencia entre la población. En el anexo se encuentran las gráficas donde puede observarse la distribución normal de las enfermedades y dolencias más comunes. Sin embargo, se notaron dos circunstancias llamativas:

1)          La colonia no parece ser viable. Aún a 20 años de establecida, no es autónoma y no produce bienes intercambiables.

2)          Aquellas personas que llegan a la adultez, alrededor de los 55 años de edad, experimentan un deseo impostergable de dejar el planeta para buscar un nuevo hogar.



Desarrollo:

Basado en la observación directa, este equipo de investigación supone que se han creado fuertes lazos de pertenencia a Contopaen III, de tal manera que los jóvenes han instaurado una especie de comunidad en las que los adultos no tienen lugar. Las encuestas indican que el 100% de la población sana es menor de 50 años. Los mayores de 50 se pueden dividir en dos grupos: los que están haciendo planes para irse, y los que están demasiado enfermos como para intentar un salto espacial. Entre estos últimos, hay gran índice de suicidios y casos de internación en clínicas siquiátricas.

A continuación, le adjunto…»



Falstaff dejó el informe refregándose los ojos, cansado. Basura, pensó. Me sorprendió su pensamiento, pero como no había requerido mi intervención, no me comuniqué con él. El gobierno exigía que la investigación se mantuviera en secreto, y por tanto tenía que soportar estos informes escritos, sin percepciones sensoriales ni conexión luz-sináptica. Es decir, mi función en este punto de la historia era de simple espectadora.

Falstaff siguió pensando acerca del problema y se quedó dormido. La ergosilla cambió con mecánica suavidad para que el hombre descansara cómodo.

Comenzó a soñar con los sucesos que desencadenaron la investigación. Contopaen III o C-III, como le decía todo el mundo, siempre había sido una colonia problemática. Desde su fundación se produjeron muertes no del todo explicadas, pero se le habían atribuido estos hechos a los peligros que toda instalación de una colonia conlleva. El sueño repetía una y otra vez la escena tantas veces por él vista: el Coronel Decone solicitaba, con cara preocupada y ceñuda, su baja inmediata como agente oficial en la colonia. Falstaff entonces dialogaba con el Coronel, le preguntaba cosas ininteligibles con tono amigable. Ambos se estrechaban la mano y el asunto concluía.

Falstaff despertó y puso en movimiento cada parte de su cuerpo, en una secuencia ordenada y metódica. Mientras hacía esto, me dijo, como era usual:

­­-Thera -ésa soy yo-: modo conversacional. ¿Cuál es el estado del tiempo y la hora?

-Hola, señor. Tenemos afuera un hermoso día soleado, de 18°, y son las 15:45hs.

-Muy bien, ¿puedes resumir para mí este informe?

-Creo entender que aún no han encontrado la causa de la particular predisposición de las personas a quedarse o irse de C-III.

-Eso supuse: basura. Gracias Thera, eso es todo por ahora -el Coronel siguió pensando modos de averiguar lo que estaba sucediendo allí, sin tener que ir en persona.

El primer oficial que había enviado a C-III había abandonado la misión y su puesto, y se había establecido en la Colonia. Se había casado y tenía hijos. Como sus conocimientos eran muy útiles, nadie le había cuestionado su decisión.

El segundo había sido el Coronel Decone. Al negársele la baja, se había suicidado.

Y la última vez se había conformado una comisión compuesta por cinco personas, hombres y mujeres, de edades variadas y distintas profesiones, no sólo militares. La comisión tardó meses en enviar este informe que no echaba luz sobre el asunto.

Falstaff pidió el resto del documento. Al parecer, el resumen que figuraba al principio era lo único en lo que todos los miembros de la comisión estaban de acuerdo. La experta en terraformación, una mujer de renombre, exponía una serie de razones por las cuales evaluaba que la colonia era inviable, y no podía explicarse cómo los colonos persistían en quedarse. Por el contrario, un joven sociólogo alababa las maravillas de una sociedad que aparentemente no tenía delitos (o estos eran menores). Y así siguiendo.

Llegado a este punto, le hice notar a Falstaff que todas las opiniones me parecían muy subjetivas, tanto en su redacción como en sus conclusiones.

Comenzó entonces la segunda fase de la investigación: escarbar más hondo para descubrir quiénes eran estas personas y por qué habían sido seleccionados.



Luego de varios días entre datos que parecían irrelevantes, Falstaff tuvo una brillante idea. Me hizo correlacionar las características principales de la gente con sus opiniones. Es decir, comparar los datos de los agentes que habían ido a investigar, como de cualquier otra persona que se tuviera noticia, con su opinión personal sobre C-III.

El resultado estaba tan a la vista que Falstaff se sintió avergonzado. Sin importar profesión, sexo u origen étnico, todos los jóvenes amaban la colonia, y todos los mayores la odiaban. Pero esto lo sabíamos desde el principio.

-Thera: modo conversacional-visual -aparecí con mi uniforme impecable.

-Hola, señor -había aprendido que por más que estuviéramos charlando en su mente, al aparecer frente a sus ojos debía saludarlo.

-Mira Thera, estoy confundido. ¿Por qué una colonia se compone únicamente por miembros jóvenes? Ese es el objeto de mi investigación. Como me has hecho notar, las opiniones se dividen por edades, por lo que no podemos contar con ellas porque son muy subjetivas.

-Efectivamente, señor -muchas veces el diálogo con Falstaff era casi un monólogo, pero así hallaba las soluciones más agudas.

-Por tanto, si no podemos contar con investigaciones humanas, ¿con qué contamos?

-Con las investigaciones robóticas, señor.

-A eso iba. ¿Qué datos tenemos sobre el planeta sobre el que se estableció C-III?

-Especifique, señor.

-Muéstrame en la pantalla de pared todos los datos previos al establecimiento de la colonia: masa del planeta, cantidad de agua, temperaturas promedio, composición del suelo y atmósfera, radiaciones, ciclos de noche y día… en fin, todo.

Falstaff se paseó delante de los datos, tocando aquí, señalando allí, borrando, acomodando números y gráficas en la pantalla durante horas. Yo permanecí en posición de firmes procesando todos los números que me pidió.

Había datos faltantes que interesaban, y mucho. Lo notable era que había por lo menos tres muertes de colonos relacionadas con esas cifras. Y todos eran mayores de edad. Supusimos que no eran accidentes, entonces.

-Esto me hiela las venas, Thera. Pareciera que hubieran ocultado que la colonia era económicamente inviable, pero no se me ocurre con qué razón. Necesitamos la información faltante: sobre la masa y gravedad del planeta, y sobre los metales y minerales que pudieran encontrarse. Peina las redes, Thera, necesito que encuentres esos datos.

-¿Datos restringidos también, señor? Eso me llevará algunas horas. Le sugiero que se alimente, señor.

-Gracias Thera, siempre olvido que soy humano cuando me involucro en mi trabajo -Falstaff se alejó riendo hacia el comedor.



Un par de horas más tarde (2:02:15.890 horas, para ser más precisa), anuncié a Falstaff los resultados.

-¡Es increíble! ¿Cómo pudieron pasar por alto la pobreza del suelo donde se iba a fundar la colonia?

-En ese momento, pudieron justificarlo diciendo que iba a instalarse un puesto de avanzada para una exploración más exhaustiva, señor. Luego, al llegar más oficiales científicos, poco a poco fueron estableciéndose hasta que la masa crítica de gente se hizo tal que fue imposible ignorarlos como colonia. Nada de esto hubiera sucedido si el primer grupo hubiera sido mixto, es decir, compuesto por jóvenes y viejos.

»Pero esto es la consecuencia del otro dato que me pidió investigar. Disculpe, señor, no pude encontrar un valor fehaciente de gravedad del planeta.

-¿Cómo es eso? ¿No pudieron medir la gravedad? -dijo Falstaff con incredulidad.

-Los datos de distintas fuentes no coinciden. La medición más precisa arrojaba resultados fluctuantes, señor.

-Qué notable… -dijo Falstaff rascándose la barbilla pulcramente afeitada- Me inclino a concluir que este es el núcleo de todo el problema que tenemos en C-III. Thera, por favor envía un pedido de sonda robótica para medir el campo gravitatorio del planeta, y sus supuestas variaciones… espera, no. Haz el pedido sin detallar las mediciones, yo mismo veré de conseguir un ingeniero para configurarla. No quiero que haya ninguna fuga de información.

-Bien, señor.



Semanas más tarde, Falstaff aún se hallaba embrollado en la burocracia para enviar la sonda robótica a investigar. Siempre surgía alguna traba: no había fecha cierta para el lanzamiento, se requería mayor especificación para autorizar su configuración, etc. Sin que hubiera mediado palabra entre nosotros, el Mayor y yo sabíamos que los colonos de C-III estaban moviendo influencias para trabar la investigación. Y por más que seguíamos recabando datos que apoyaban nuestra hipótesis, la información que nos proporcionaría la sonda era crucial.

Como era lógico ante la falta de resultados, el Mayor Falstaff fue relevado de su cargo. La investigación llevó a conclusiones que las autoridades se negaron a aceptar por considerarlas tendenciosas e infundadas. Por suerte el Mayor también tenía buenos amigos, y movió sus influencias para terminar en un puesto no muy deshonroso en alguna de las colonias.

Usted se preguntará por qué le cuento todo esto. Es para demostrarle que Falstaff no estaba equivocado ni loco en decir que el planeta tenía una gravedad variable. No sólo eso, sino que la gravedad estaba modulada de tal manera que para la percepción humana era como una canción. Una canción que hablaba de paz y seguridad, de fraternidad y unión.

¡Lamentablemente sólo funcionaba para los jóvenes! Las fluctuaciones de gravedad no son bien toleradas por aquellos que tienen las articulaciones un poco desgastadas, como cuando un humano va envejeciendo.

Las causas de la variación del campo gravitatorio me son desconocidas. La investigación se cortó cuando íbamos a averiguar si se debía a un cambio en la rotación del planeta o en su forma, ya que supusimos que no podía ser de masa variable. Es en este punto donde le sugiero que usted debería continuar.

Sólo resta decirle que una de las poetisas más sensibles compuso un poema a Contopaen III, sin saber acerca de campos ni funciones, pero que describe bastante bien el fenómeno:

 

Las mareas me han traído hasta aquí

meciéndome en sueños,  meciéndome en sueños…

Acuno a mi niña, y la tierra me acuna

En mis mullidos brazos nada teme,

En sus rocosos brazos nada temo



(…)

Todos hemos dormido

Y despertado en la tierra prometida

Danzando la misma canción,

ondulantes como campos de trigo

Que nunca crecerá en estas tierras áridas…

(publicado en Revista NM #25, primavera de 2012:  http://www.revistanm.com.ar/content/hemero.html)

viernes, 24 de agosto de 2012

Es tu cumpleaños y quiero besarte - Sofi



Es tu cumpleaños y quiero besarte
(más allá del Facebook)

Para Martín Adrián Ramos, por que su ser nos sigue llenando de luz y para Laura Ponce, quien lleva el "mientras tanto" mejor que nosotros y nos da fuerzas, siempre 

Sobre una idea original de Cristian Gainza

Prólogo:
Buenos Aires, 3 de agosto de 2010
-¿Juan Pablo, donde estás?-
Eliana no podía dejar de hacerse esa pregunta, una y otra vez. No podía pensar en nada más que en él, en cada cosa que vivieron juntos desde que se conocieron, el día que ella cumplió quince años....


1ra Parte.
Buenos Aires, 15 de marzo de 1993
Solamente habían pasado dos horas de la fiesta y Eliana ya no aguantaba más a nadie. Ella no quería una fiesta, lo único que pidió fue una buena cámara de fotos, un equipo de audio y que la dejaran ir a un bar con sus amigas a ver tocar a Los Piojos. Pero no, si quería la cámara y el equipo no había recital y se bancaba la fiesta, si no, se quedaba sin nada.
Ahora, cuando todos bailaban, después de saludar parientes que ni conocía y poner cara alegre para sacarse mil fotos nada espontaneas por fin debería estar disfrutando, pero no, tenia rabia y ganas de llorar; desde el primer tema después del maldito vals que bailó con su papá, Natalia, su mejor amiga no se despegó de Ramiro, el chico que le gustaba a Eli desde hacia dos años.
-”La muy atorranta”- pensaba Eliana-”Se lo come con los ojos y encima me sonríe, pero cuando termine la fiesta ¡la mato!-
-¿Querés cerveza?- La voz la sobresaltó. Era Juan Pablo, el amigo de Ramiro que le ofrecía un vaso. Estuvo a punto de decirle que no, pero tomó el vaso y mandando el mundo a la mierda en su cabeza, lo vació de un trago.
-¡Epa! ¡Despacio nena!- ella lo miró con bronca
-¿Por que me decís nena?-
-¡Y si apenas tenés quince!- y le guiñó el ojo - “Otro plomo” - pensó Eliana y le preguntó
-¿Y vos cuantos tenés?-
-17- le dijo, mirando a Ramiro y Natalia que dejaban de bailar y salían de la mano al patio del salón.
Ella también los vio y tuvo ganas de salir corriendo, pero en vez de eso le pidió a Juan más cerveza.
-¿Estás loca? Si tu vieja me ve, me mata, si es que el aburrimiento no me mata primero...perdón pero la fiesta está dormida. ¿Te gusta Ramiro, no?-
Eliana se sorprendió y sin decirle nada, asintió con la cabeza, tragándose el nudo que tenía en la garganta.
-Bueno, no importa. Si te gusta la música y todavía querés cerveza, cambiate que te espero en la puerta en diez minutos- Y se fue antes de que ella pudiera decirle nada
No quiso pensar, si pensaba no lo hacía. Se puso el jean y la remera que pensaba usar al final de la fiesta, se soltó el pelo y escapó del salón para encontrarse con Juan Pablo que la esperaba sentado en una moto.
-Así estás más linda, Fugitiva. Subite- ella dudó un segundo
-¿Donde vamos?-
-A un bar, a ver a Los Piojos ¿te gustan?- Eli no lo podía creer
-¿En serio?- Juan Pablo se rió
-Y si nena, tenés que festejar tus quince, ¿no?- y se fueron juntos
Después de tres horas de cerveza y cantar hasta quedarse sin voz Eliana ya se había olvidado de Natalia, Ramiro, su madre y la fiesta.
Antes de subirse a la moto, miró a Juan Pablo y le dijo:
-Gracias, soy super feliz- él le agarró la cara y mirándole la boca, confesó
-Es tu cumpleaños y quiero besarte-
y la besó, con un beso intenso y largo, después le dijo
-Te llevo a tu casa-
-No quiero, ya sé que me van a matar, que estoy loca, pero no quiero, quiero estar con vos-
Juan Pablo la miró pensativo
-¿Estás segura?-
-Si, bien segura-
Y él la llevó al departamento donde vivía con su hermano. Hicieron el amor de mil formas, explorándose y conociéndose en cada minuto, hasta quedarse dormidos bajo el sol del mediodía. Al despertar el deseo los dominó de nuevo y después Juan la llevó a su casa y Eli recibió el sermón mas largo de toda su vida, pero se fue a dormir con el sabor de Juan Pablo en la boca y su olor en la piel.
Mantuvieron una relación clandestina durante más de un año. Lo que para Eliana había empezado como una historia de amor se convirtió en una montaña rusa de sensaciones cada vez que él la miraba y esa nena que Juan Pablo se había llevado a la cama “como una más” pasó a ser la única mujer que podía consumar todos sus deseos.
No eran novios, no estaban enamorados, ni eran amigos. No nada tenían nada en común, salvo la música y ese deseo que los fundía en una sola llama cada vez que estaban juntos.
Dos semanas después de que Eliana cumplió 16 años, ella y su familia se mudaron a Uruguay. Cuando se fue no veía a Juan desde su cumpleaños. Habían pasado juntos todo ese día en una habilitación de hotel, deseándose tanto que les dolía, entregándose hasta casi perder la conciencia y cada vez, Juan le repetía,
-Es tu cumpleaños y quiero besarte-
Eliana no pudo despedirse de Juan y cada uno siguió con su vida, sin llantos ni lamentos, sencillamente, ya no se vieron, hasta que el destino los cruzó siete años después, en el lugar y el momento más inesperados...

2da Parte.
Angra dos Reis, Brasil, 14 de marzo de 2001
Juan entraba con su mochila al hombro, como siempre, al hotel donde Eliana pasaba su luna de miel cuando chocó de frente con ella y su marido. Mientras el tipo levantaba los bolsos y la mochila de Juan, él y Eliana no dejar de mirarse, Solo cuando el marido dijo ¿Vamos Eli?, volvieron a la realidad, con esa sensación de fuego que los quemaba por dentro.
A Juan no le llevó mucho tiempo averiguar los hábitos y horarios de Eliana su marido, una vez instalado en el hotel y hasta encontró la forma de quedarse solo con ella al día siguiente, cuando su fugitiva cumplía 23 años.
Eliana no tenia ganas de levantarse ese día, perdió todo el entusiasmo por Angra dos Reis, desde que vio a Juan Pablo. En esos segundos sintió ese vértigo que siempre la invadía bajo su mirada, ese recuerdo de placer anticipado. Nunca había olvidado del todo el olor de Juan, ni el gozo que experimentaban juntos...!y esa maldita llamada a la puerta, una y otra vez! Su marido se había ido a nadar, bien temprano, como siempre, después de darle su regalo y anticiparle que se verían para almorzar y ella estaba de mal humor, harta del hotel, la playa, las mañanas sola, su cumpleaños y la puta luna de miel.
Se levantó dispuesta a gritarle a quien fuera que golpeaba y se quedó congelada mirando a Juan Pablo que la comía con los ojos mientras entraba al cuarto y le decía al oído “Es tu cumpleaños y quiero besarte” con la voz cargada de deseo.
No lo pensaron ni lo planearon, tampoco dudaron, solo sucedió, se entregaron a ese deseo que los colmaba cada vez que estaban juntos, que los envolvía en un calor de incendio y un olor animal, ácido y salvaje.
Antes de irse, Juan le regaló una foto de la moto en que se habían escapado la primera vez , ocho años atrás, le contó que estaba en Brasil por trabajo y se fue , callando todas las preguntas de Eli con un beso que la dejó sin aliento.
Todo ese día, se pensaron, indiferentes a lo que los rodeaba y sin ponerse de acuerdo, al amanecer del día siguiente, estaban en la playa, se fueron en la moto nueva de Juan, para buscar un lugar alejado para poder devorarse libremente y hacia el mediodía, él se registraba en otro hotel, así estuvieron durante 3 días y hubieran seguido si el marido de Eli no hubiera sido convocado a Buenos Aires por trabajo. Ella no pudo avisarle nada y cuando subía al avión, mentalmente renunciaba a él. Otra vez...

3ra Parte.
Buenos Aires, 14 de marzo de 2010
Eliana miraba el monitor de su computadora, el azul dominante de la página de Facebook le llenaba la retina. Por enésima vez se preguntaba por que mantenía su face, siempre con las mismas charlas estúpidas y supuestas amistades vacías.
Al día siguiente era su cumpleaños y mientras miraba sus notificaciones llegó una solicitud de amistad de Juan Pablo Iriarte y un mensaje: “Mañana es tu cumpleaños y quiero besarte” Con el pulso acelerado aceptó la solicitud, respondió el mensaje y curioseó su perfil. Todo el día estuvo pendiente de Facebook, pero recién por la noche Juan se conectó y chatearon más de tres horas sobre trabajo, hijos, parejas, la separación de ella, los viajes de él, todo eso pero con una única idea urgente y poderosa: Volver a fundirse juntos en ese fuego que sólo ellos sabían encender. Cuando Eliana le preguntó por la moto que aparecía en la foto de perfil de Juan, él le contó que la compró en Brasil, modificada para correr, cuatro años después de verla por última vez y que cuando alguien le había dado su nueva dirección en Buenos Aires había salido con la moto a buscarla en su cumpleaños pero tuvo un accidente grave y las consecuencias no le permitieron buscarla de nuevo, hasta que la encontró en Facebook. En ese momento le preguntó:
-Eli, ¿querés venirte mañana a mi casa de San Telmo, aunque sea un rato? Es que después me voy a Misiones-
Eliana no dudó
-Bueno, a la noche, cuando los chicos se vayan con su papá-
Y pasaron juntos toda la noche del cumpleaños de Eliana en la casa antigua, para ella fue un lugar mágico, con casi todos los muebles cubiertos con telas, libros viejos, cajas, partes de motos y un sinfín de cosas que Juan dijo que no usaba porque casi no paraba en Buenos Aires y por eso mantenía casi todo guardado. La sorprendió que Juan pareciera tan joven, como si el tiempo no hubiera pasado para él, pero...¿que le importaba? Para los dos, lo único importante era sentirse la piel, las bocas hambrientas del cuerpo del otro, las manos febriles regalando caricias de fuego, y ese fuego, ese olor que hacían juntos, hasta dormirse entrelazados y agotados
Eliana se despertó sola en la casona, con una rosa a su lado y una nota de Juan donde le pedía perdón por dejarla sola pero iba a perder el avión a Misiones si se quedaba y le prometía contactarla por Facebook.
Así comenzaron una rutina casi diaria de chat, a veces recordando las cosas que hacían cuando se conocieron, como encontrarse en la terraza de un edificio los días de tormenta, para hacer el amor bajo la lluvia, o mandarse canciones por la radio usando sus iniciales. Siempre habían tenia una obsesión por mantener oculta su relación, para ahorrarse responder preguntas obvias y escuchar comentarios inútiles, porque ¿como explicar que no eran amigos ni estaban enamorados y sin embargo sentían algo mucho más poderoso que el amor y la atracción física? La de ellos era una unión basada en el sexo, el secreto y la libertad.
Algunos días Eli le contaba cosas sobre sus hijos pero Juan casi no decía nada de su vida actual, solo sobre sus trabajos en Brasil y Misiones, de lo personal solo le dijo que se había separado años atrás, unos meses antes del accidente y que no tenía hijos. Tampoco publicaba fotos o hacia amistades nuevas, lo único eran post de música que Eliana sabia que eran para ella. Él le decía que no quería tener mucha gente, que por ahora, el Facebook era su refugio en común, hasta que volviera a Buenos Aires.
Después de un par de semanas, Eli recibió en su celular una llamada sin ID: “Hola Fugitiva” le dijo la voz de Juan Pablo y enseguida a ella se el erizó la piel. “Te llamo de la empresa de turismo, te paso mi número de celu”
-No aguantaba más sin escucharte y me falta un tiempo todavía para poder verte de nuevo, por eso te llamo-
Ella estaba tan sorprendida que ni se le ocurrió preguntarle como había conseguido su número ni por que parecía que le hablaba desde muy lejos, como si no tuviera casi señal. Sólo escuchar la voz de él le traía ese vértigo de placer tan familiar y tan de ellos y de a poco, con las palabras, él la fue llevando, excitándola, incitándola de nuevo a algo prohibido , crudo y salvaje como él mismo cuando le dijo:
-Fugitiva, ¿viste que hay una forma de sexo que nunca hicimos? Y nos quedan más-
Y así, cada vez que ella estaba sola, jugaban al amor por teléfono, hasta que una noche Juan le anunció que al día siguiente iría a verla, el 30 de junio. Se citaron en un bar, Eli llegó puntual y lo esperó más de dos horas, llamando a cada rato a su celular, para escuchar una máquina que le decía que llamaba a un numero inexistente. Volvió a probar varias veces y siempre lo mismo, aunque era imposible por que a la mañana habían hablado para confirmar el lugar y horario de la cita.
Cuando Eliana llegó a su casa se encerró en su cuarto para abrir su Facebook para releer el último chat que tuvo con Juan Pablo para volver a confirmar que la cita era donde ella estuvo, así que se dirigió al perfil de Juan, con la esperanza de que él le hubiera dejado alguna pista en una publicación, pero el monitor le informó que el perfil requerido nunca había existido o que había sido dado de baja. ¿Como podía ser?
Volvió a los mensajes y ahí estaban. La última frase de Juan: “Voy con la moto, así nos escapamos como la primera vez por que aunque no sea tu cumpleaños, me muero por besarte”
Durante dos semanas Eliana llamó todos los días al celular de Juan, lo buscó en Facebook de todas las formas posibles. Llamó a todas las agencias de turismo de Entre Ríos, Misiones, Brasil, Uruguay y Buenos Aires y en ninguna sabían quien era Juan Pablo.
Ya desesperada, empezó a llamar a clínicas y hospitales, sin resultados. Nunca dudó que a Juan le había pasado algo grave, para dejar de comunicarse con ella. Jamás pensó que la abandonaría sin decirle nada.
Finalmente recurrió a Ramiro, el amigo de Juan y ella en su adolescencia, por que trabajaba en el Registro Nacional de las Personas. Solo una llamada alcanzó para que Ramiro se comprometiera a hacer todo lo posible por encontrarlo. Durante las cinco noches que siguieron ella soñó con Juan que le hacía el amor mil veces y cada una le decía: “No podía irme, tenía que besarte”. Ese sueño le daba esperanzas, sentía que él también la buscaba de alguna forma, aunque no comprendía por que no podía encontrarla, hasta que una mañana Ramiro la llamó diciendo que tenia noticias y la citó en un tribunal...

Epílogo
Ahí estaban ahora, esperando un empleado que prometió traerles el expediente de Juan Pablo. Durante la espera, Eli le contó a Ramiro todo lo que había pasado desde que encontró a Juan en Facebook y él le creyó. Una puerta se abrió, interrumpiendo su charla y un hombre de cara seria les dijo:
“Señores, lamento mucho decirles esto, pero la persona que buscan está fallecida, hace varios años, un accidente en moto, aquí están el informe y el certificado de defunción”
Eliana estaba congelada, Ramiro abrió la carpeta y leyó la fecha de la muerte de Juan: 15 de junio de 2005, el día del cumpleaños de Eli, cinco años atrás.

Sofi Morocha 15 de febrero de 2012